martes, 21 de junio de 2011

Te espero en el patio trasero.


Una vez, conocí a un chico, en Berlín. 
Aún recuerdo su cara, sus expresiones. Su inseguridad impertinente al hablar. Caminamos unas cuadras, y solamente, seguimos caminando. Llegamos a una plaza, y continuamos hablando, de la vida, del aparente futuro, de hábitos, de placeres.  Me ofreció ir a su casa, amablemente. Con tranquilidad, accedí, ¿Qué era lo peor que podía pasar? ... 
Estaría encantada de contarles como sigue esta historia, pero simplemente, no lo recuerdo. 

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